Zika, chikungunya y dengue

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El zika es un virus hasta hace poco desconocido en América Latina. Sin embargo, en mayo 2015 el Ministerio de Salud de Brasil confirmó la circulación de este virus en 16 muestras en los estados de Bahía y Río Grande del Norte.

El zika se identificó por primera vez en 1947, específicamente en el bosque Zika (Uganda) de ahí su nombre. Se parece mucho a la fiebre amarilla, al virus del Nilo Occidental, a la encefalitis japonesa, y se transmite por la picadura del mosquito Aedes Aegypti, el mismo que transmite el dengue con el que se puede confundir en sus manifestaciones clínicas. Solo una de cada cuatro personas desarrolla los síntomas y hasta la fecha no se han reportado muertes por esta enfermedad.

El virus chikungunya se manifiesta muy parecido al dengue con fiebre alta, cefalea, mal estado general, rash y unos dolores articulares tan fuertes que la persona tiende a doblarse, de ahí el nombre Chikungunya que en el idioma maconde y lengua kunguniala significa “hombre retorcido”. Es transmitido también por el mosquito Aedes Aegypti.

El dengue es uno de los virus más mórbidos del mundo, con 100 millones de casos cada año en sus distintas manifestaciones. De este virus existen cuatro serotipos diseminados por Asia, África y las Américas, lo transmite el mosquito Aedes Aegypti endémico en nuestro país, y el responsable de brotes epidémicos cada dos años.

Distinto a los dos virus ya mencionados, el dengue es mucho más letal. Sin embargo, su mortalidad en otros países muy parecidos al nuestro está por debajo del uno por ciento. ¿Por qué tantas muertes en nuestro país? ¿Se ha vuelto el virus más letal? ¿Ha mutado? Es posible. Pero, haya mutado o no, la realidad es que el paciente con dengue muere en shock. Es un paciente que, una vez internado, no puede quedarse solo, tiene que haber un personal y una infraestructura de vigilancia permanentes para detectar a tiempo los signos y síntomas de alarma: deterioro del estado general, taquicardia, pulso débil, vómitos, dolor abdominal, hematocrito elevado, pinzamiento de la presión arterial etc. y actuar de inmediato para prevenir el shock. Pero para lograrlo hay que estar ahí.

El virus del dengue, como cualquier otro virus, puede afectar el hígado. En estas circunstancias, el uso del acetaminofen de una manera alegre puede ser un tóxico fatal que también esté contribuyendo a las muertes. Pero insisto, adelantarse a la aparición del shock por dengue es la prioridad número uno.

El Aedes Aegypti y el dengue son endémicos en nuestro país, como también lo es el uso de los recursos de la nación para enriquecer a unos pocos y dejar en el abandono absoluto a la población. Revertir esa cultura, es una saludable medida de prevención que el país reclama y necesita.

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