Un puente para atravesar la gran brecha entre México y Estados Unidos

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Al aterrizar en Tijuana — una ciudad mexicana que es sinónimo de tequila, sexo y marihuana, según palabras del cantante Manu Chao — lo primero que vemos es un muro de metal a lo largo de la carretera. Bienvenidos a la frontera con EEUU.

La fortificada frontera, el cruce terrestre más concurrido del mundo, es motivo de preocupación para ambos países. Los temores sobre su fragilidad han sido estimulados por Donald Trump, el aspirante republicano, quien quiere que se construya un muro a lo largo de la frontera.

En octubre, funcionarios estadounidenses y mexicanos descubrieron marihuana por valor de US$6 millones en un túnel ferroviario en pequeña escala que tenía la longitud de ocho campos de fútbol entre almacenes en Tijuana y San Diego.

Las ciudades hermanas, cuyas personas y negocios ya están ampliamente interconectados, van camino a una mayor integración. El miércoles, sus aeropuertos abrieron un puente transfronterizo que les permitirá a los pasajeros entrar caminando a EEUU o a México.

Guillermo Villalba, director del Aeropuerto Internacional de Tijuana, dice: “Este puente es un buen ejemplo de cómo pueden funcionar las fronteras si trabajamos juntos. Es único y le enviará un mensaje al mundo”.

Pintado de color púrpura, el puente de 120 metros revestido con ventanas, y conocido como el Cross Border Xpress, conecta el quinto aeropuerto más grande de México con una nueva terminal en el lado de San Diego. El aeropuerto de San Diego está a 25 km de distancia, pero la nueva terminal cuenta con instalaciones como inmigración, restaurantes, taxis y alquiler de autos.

“Antes, había que sacar el equipaje del aeropuerto y luego tomar un autobús, taxi o auto hasta la frontera”, dijo el Sr. Villalba. Cruzar los congestionados puestos de control de San Ysidro y Otay Mesa puede llevar horas.

Sólo los pasajeros con boletos podrán usar el puente, por un precio de US$15 a US$18 — aproximadamente el precio de un taxi hasta la frontera.

El proyecto de US$132 millones es más modesto que la idea que se sugirió hace 15 años de construir un aeropuerto binacional a gran escala con una pista compartida. Ese plan resultó estar plagado de obstáculos técnicos y operativos.

Grupo Aeroportuario del Pacífico, el operador privado del aeropuerto de Tijuana, pagó US$12.4 millones por su mitad del puente y Otay Tijuana Venture, un grupo de inversión privado dirigido por Sam Zell, un magnate de bienes raíces de Chicago, pagó US$120 millones por construir su mitad y el edificio de la terminal.

Se espera que los viajeros estadounidenses puedan estacionar en su propio país, pero podrán volar desde México de forma más barata que desde San Diego o Los Ángeles. De todos modos, alrededor de la mitad de los 4.4 millones de pasajeros anuales del aeropuerto de Tijuana se dirigen a EEUU.

Tijuana también cubre 32 destinos en México — atractivos para la población hispana de California — así como vuelos a Oakland y Shanghái. El Sr. Villalba dijo que también estaba negociando más rutas en Asia.

Tijuana — la cual creció rápidamente bajo el programa de maquiladoras, ya con 50 años de implementado, que estableció a México como una base barata de ensamblaje de manufactura para las exportaciones hacia EEUU — es ahora un ajetreado centro industrial. Es la sede de muchas compañías estadounidenses y asiáticas incluyendo Hitachi, Sony, Samsung y Daewoo. Tijuana también está buscando una mayor integración con San Diego en el próspero sector aeroespacial.

Como señaló el Sr. Villalba: “Vivimos como una región, no sólo como una ciudad”. Muchos residentes de TJ, como se conoce a la ciudad, trabajan, van a la escuela o van de compras a través de la frontera. “Las personas aquí no hablan de EEUU”, dijo. “Le dicen ‘el otro lado’”.

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