El bien común en la gestión de procesos universitarios

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Por: Osiris Disla Ynoa, PhD.

El autor de este artículo de prensa, es abogado, natural del Municipio de Salcedo, Provincia Hermanas Mirabal, Región del Cibao, de la República Dominicana. Es escritor, catedrático universitario, novelista, especialista en el arte de la paráfrasis libre, especialista en Derecho Penal, Procesal Penal, Penal Especial, Metodología de la investigación científica, Ciencias Teológicas y de la Religión, Redacción e interpretación de Textos Jurídicos, Bíblicos, y Costumbre Judía, Orientación Pastoral y Tecnología de Herramientas Educativas.

El autor, además, es Doctor en Administración, Hacienda y Justicia en el Estado Social, de la Universidad de Salamanca, España. En la actualidad cursa un nuevo Doctorado En Ciencia de la Educación.  Es autor de los libros te textos de enseñanza universitaria, Guía Práctica de Derecho Procesal Penal y Teoría y Práctica De Derecho Penal y Penal Especial, así como son de su autoría, más de 2000 artículos científicos en diferentes áreas del saber jurídico y educativo nacional e internacional.

  • Procesos Universitarios Eficientes

Al conjunto de condiciones, valores y oportunidades que permiten que todos los miembros de una comunidad educativa puedan desarrollarse integralmente, aprender en condiciones de equidad y contribuir positivamente con la sociedad, se le define como bien común educativo.

Este bien común, es el principio que debe orientar el proceso educativo hacia la formación integral de las personas y la construcción de una sociedad más justa, solidaria e inclusiva, procurando que el conocimiento y las oportunidades educativas beneficien tanto al individuo como a la colectividad.

Buscar el bien común en materia de educación universitaria o superior significa, que las acciones de cualquiera de las funciones administrativas que se ocupan, deben estar movidas a la solución del conflicto educativo, de manera profesional, amigable, empática y sin recibir ningún tipo de dadivas,  recompensas o favores, a no ser la satisfacción que deja el deber cumplido, no debe incluir la creación de nuevos conflictos que surjan del derecho a la exigencia, por falta de atención rápida o falta de tacto de la gestión.

Por otro lado, la gestión de procesos universitarios, debe ser concebida, como la organización, coordinación, ejecución, seguimiento y mejora de las distintas actividades y procedimientos que se desarrollan dentro de una universidad o una institución de educación superior, con el fin de poder cumplir sus objetivos académicos, administrativos, investigativos y sociales, pero sobre todo humano.

El propósito principal que debe perseguir una buena administración de procesos universitarios, es lograr que estos procesos funcionen de manera eficiente, articulada y con calidad, evitando las quejas continuas, difamaciones, reclamos masivos, la respuesta retardada, la burocracia excesiva, la falta de respuesta por espera de autorizaciones y decisiones superiores y evitar los retrasos o dificultades para favorecer la mejora continua.

El nivel de satisfacción  o insatisfacción de los estudiantes con una gestión de procesos universitarios, influye y afecta de manera directa y  negativamente el crecimiento y desarrollo de una universidad, ya que los  estudiantes constituyen uno de los principales actores de la institución y cuando perciben deficiencias en la calidad de la enseñanza, los servicios administrativos, la atención institucional, la infraestructura, la tecnología o la comunicación con las autoridades, disminuyen su nivel de compromiso y confianza en la universidad, así como el nivel de reproducción, pues se ha considerado en estudios recientes, que el crecimiento de la matricula estudiantil,  depende en  un 58.30%  de la buena propaganda interna y la reproducción  entre compañeros, que se invitan unos a otros a formar parte de la comunidad educativa a la que pertenecen, a través  de la recomendación y multiplicación de personas a personas.

Los procesos educativos necesitan ser bien gestionados y que prime la negociación, el arte de la diplomacia y la respuesta rápida y oportuna, liberando la gestión de quejas y despedidas tristes por retiros, disidencias y deserción estudiantil, pues es sabido en los medios educativos, que nadie se siente conforme con el maltrato, la falta de gestión, la negativa continua de procesos permitidos y legalmente descritos como buenos y válidos, en definitiva, la destrucción de una universidad inicia cuando los proceso educativos quedan sin respuestas oportunas y de calidad, o cuando la administración  es  cerrada, no negocia, no transige, no coordina, no responde a tiempo  y solo impone de manera directa a trocha y  mocha sus decisiones, que a la larga resultan ser una bomba de tiempo para destruir  todo los logros obtenidos y aumentar los niveles de insatisfacción  y con ello el descenso en la matricula estudiantil e inseguridad educativa.