Rafael Correa ante gran reto económico en Ecuador

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Los seguidores de Rafael Correa en la audiencia aplaudieron cuando el aguerrido presidente izquierdista de Ecuador desafió a un legislador de la oposición a una pelea a puñetazos, explicando que así es como “resolvíamos las diferencias en mi barrio”.

“Así es él. Es audaz”, dijo un funcionario del gobierno acerca del despliegue machista del Sr. Correa durante una de las transmisiones semanales de televisión de cuatro horas del presidente. “Y a la gente le encanta”.

Por cuánto tiempo más, sin embargo, es crecientemente la pregunta en esta nación de la OPEP.

El Sr. Correa es conocido por ser uno de los líderes de izquierda más pragmáticos que han llegado al poder en la última década en medio de la creciente “marea rosa” de América del Sur. Presidente desde 2007, trajo la estabilidad política a una nación tradicionalmente volátil, y canalizó exitosamente su riqueza petrolera hacia proyectos de infraestructura y reducción de la pobreza.

Hoy, sin embargo, en medio de un colapso de los precios de los productos básicos que ha afectado a todas las economías de América del Sur, el economista formado en EEUU está mostrando su lado más oscuro. Un hombre quien con orgullo cobijó al fundador de WikiLeaks, Julian Assange, está siendo criticado cada vez más por amordazar a la prensa y por intimidación autocrática.

“La gente ahora se da cuenta de que Correa actúa como un dictador de pacotilla”, dice Andrés Páez, el congresista de la oposición a quien el Sr. Correa desafió después de que se enfrentaron por un contrato de defensa pública.

“El temor ahora es que al haber menos dinero, Correa apriete más los tornillos”, agrega Ramiro Crespo, presidente de Analytica Securities, una firma de correduría en Quito.

El Sr. Correa enfrenta dos apremiantes desafíos económicos conforme el Fondo Monetario Internacional prevé que la economía de Ecuador se reduzca en un 0.6 por ciento en 2015 después de crecer casi un 4 por ciento el año pasado.

El primer desafío es cómo hacerle frente a una disminución del 26 por ciento en las exportaciones de petróleo y del 21 por ciento en los ingresos del gobierno, mientras que mantiene su llamada “Revolución Ciudadana”, financiada por casi una duplicación del gasto estatal desde 2007.

Ya se pueden observar las señales de advertencia. El partido del Sr. Correa — quien una vez trató de ser el líder de izquierda más prominente de la región después de que Hugo Chávez falleciera en 2013 — está intentando cambiar la constitución para poder presentarse a un cuarto mandato en 2017, aunque insinuó la semana pasada que podría no presentarse nuevamente. El presupuesto del próximo año también se ha reducido casi un 18 por ciento.

El presidente de 52 años de edad ha demandado a los medios de comunicación, pasado un proyecto de ley de medios que los críticos llaman “una ley mordaza”, y llama regularmente a los periodistas críticos “sicarios de tinta”. Cuando el volcán Cotopaxi fuera de la capital hizo erupción en agosto, el gobierno impuso una censura de noticias “para evitar la propagación de rumores” que pudieran “alarmar a la población”.

“Hay una enorme presión sobre los medios de comunicación”, dice César Ricaurte, director de Fundamedios, una autoridad protectora de la libertad de expresión. “Esto es claramente una democracia imperfecta, y si enmiendan la Constitución [de manera que Correa pueda ser presidente de nuevo] . . . se pondrá peor”.

El segundo dilema que enfrenta el Sr. Correa es el uso del dólar estadounidense por parte de Ecuador.

Al igual que en Panamá y El Salvador, la dolarización ha traído estabilidad financiera a Ecuador desde que se estableció en el año 2000. Pero ahora está debilitando la competitividad de Ecuador conforme otras monedas sudamericanas se tambalean a raíz de la caída de los precios de los productos básicos.

Los efectos de esto se pueden ver en Tulcán, la ciudad fronteriza donde el Sr. Correa organizó su reciente programa de televisión, inspirado en el teletón de Chávez ‘Aló Presidente’. En esa región, los ecuatorianos cargan con pesos colombianos devaluados, en casi un 25 por ciento este año, para ir de compras al otro lado de la frontera.

La dolarización es como “estar en un cuadrilátero de boxeo con una camisa de fuerza”, se ha quejado el Sr. Correa. En su libro, ‘Ecuador: De Banana Republic a la No República’, la llamó un “absurdo económico”.

Sin embargo, según las encuestas, el 66 por ciento de los ecuatorianos se resisten a poner fin a la dolarización. De hecho, el índice de aprobación del dólar estadounidense es casi tan alto como el 67 por ciento del Sr. Correa.

“La aprobación del público . . . es una prueba de su éxito”, dice Steve Hanke, de la Universidad Johns Hopkins, quien asesoró a Ecuador acerca de la dolarización. “La crítica de Correa es retórica política. Él sabe que sería un suicidio político reemplazar el dólar”.

Por ahora el Sr. Correa sigue disfrutando de alta aprobación entre sus simpatizantes, quienes rechazan críticas que se está convirtiendo en un bravucón dictatorial.

“Él defiende a la gente como yo y ha traído un progreso importante a Ecuador”, dice Martha Piñeyros, una maestra local. “Yo voy a votar por él siempre”.

Pero los tiempos difíciles pueden poner a prueba ese apoyo, tal como lo han hecho entre otros gobiernos de izquierda con bajo rendimiento económico de la región, como Brasil, Argentina y Venezuela.

Utilizando como ejemplos a Argentina (que suspendió su tipo de cambio fijo en 2002) y a Grecia (que ha atravesado tiempos muy difíciles dentro de la eurozona), Francisco Rodríguez, economista de Bank of America, dice: “Los ajustes económicos dolorosos, como el que Ecuador tiene que sufrir, a menudo ponen a prueba la determinación de las sociedades de mantener los tipos de cambio fijos irrevocablemente”.

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