Naím: “Se necesita selectividad para combatir el contrabando”

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SANTO DOMINGO. La Cámara Americana de Comercio de la República Dominicana (AMCHAMDR), con el apoyo de Philip Morris Dominicana, organizó ayer un foro sobre la lucha contra el comercio ilícito en el país, en el que fue invitado Moisés Naím, escritor y columnista venezolano, autor del libro Ilícito (2010), traducido en 14 idiomas, y del Fin del Poder (2013), que son parte de una producción de más de 10 obras.

El comercio ilícito, en una de sus vertientes más atroces como es el narcotráfico, ha llevado a la región de América Latina a “una coexistencia pacífica con la muerte”, subraya Naím. Y ofrece informaciones dantescas que lo explica: “Con un 8 por ciento de la población global, produce cada año el 31 por ciento de los homicidios del mundo”.

Pero el comercio ilícito también afecta a la economía, en áreas como la industria del ron y el cigarrillo, perjudicada por el creciente contrabando y la falsificación de sus productos. Naím aconseja una estrategia de selectividad, para combatir el contrabando más perjudiciales para la sociedad como es el de las drogas más dañinas. También aconseja que se alcance un punto de equilibrio que permita a las industrias del ron y de los cigarrillos ganarle el pleito al contrabando.

Al referirse al narcotráfico, sostiene: “El Gobierno tiene recursos escasos para enfrentar esto. No puede enfrentarlo todo a la vez, todo el tiempo, porque esa es la estrategia actual, y no está funcionando”.

Esa selectividad “presumiblemente” va a permitir que haya más recursos que ahora se dedican a combatir el tráfico de marihuana, a combatir otras cosas”.

Previendo que la observación puede parecer polémica, pregunta: “¿Qué prefiere usted, que la policía persiga a gente que fuma marihuana o a gente que está transportando toneladas de heroína?”.

Explica que en Ilícito, escrito hace 10 años, cuestionó tres creencias muy arraigadas, cuando se hablaba de tráfico de gente, de droga, de dinero, y de productos falsificados y copiados. La primera, era la creencia de que en las causas del contrabando “no había nada nuevo bajo el sol”, porque “ha existido desde la época bíblica”.

Responde: “Eso es mentira”. Antes el contrabando se daba entre países vecinos, “y ahora todo se ha globalizado, lo que hace que todos seamos vecinos”.

Por esa razón, traficantes de drogas nigerianos operan en Tailandia, la mafia rusa opera en Nueva York, y se encuentra a los carteles colombianos operando en Haití.

Asimismo, rechaza que el contrabando sea esencialmente un problema policial y de fronteras, y que su causa sean la pobreza, la desigualdad, la ignorancia y la inmoralidad. “El principal impulso del contrabando es la diferencia de precios entre el lugar A y el lugar B. Y eso no es cultural, ni es específico de un país, eso forma parte de la condición humana”, afirma.

Sobre el impacto de los impuestos como incentivo que fomenta el contrabando de ron y cigarrillos en República Dominicana, plantea: “Los Gobiernos tienen objeciones de que sus ciudadanos fumen o que tomen alcohol. Entonces se sienten cómodos diciendo: vamos a subirles los impuestos, primero porque recaudamos y segundo porque estamos haciendo algo que es moralmente correcto. Sabemos que los cigarrillos provocan cáncer, y que el exceso de alcohol es dañino para la salud. Entonces estamos haciendo algo correcto”.

Pero destaca que el problema es que esto también tiene que ser visto desde el punto de vista de la economía, y que llega un momento en que el aumento de impuestos a esos productos crea un estímulo al contrabando, pero sin lograrse los objetivos que sobre la salud pública tienen los gobiernos.

“¿Cuál es ese punto de equilibrio? Nadie duda que es deseable que las compañías de cigarrillos y de licores paguen impuestos lo más alto posible, pero idealmente sería que tampoco lleguen los impuestos a ser tan alto que simplemente estimulen el contrabando y reduzcan las recaudaciones. Ese punto de equilibrio es diferente en cada país”, dice.

Cuestiona la presunción de que el contrabando es “un crimen sin víctimas”, porque la falsificación y el contrabando “están llegando a los productos que pueden matar gente”.

Pone como ejemplo lo sucedido en Nigeria: “Un jarabe para niños en Nigeria tenía glicerina, pero era un producto copiado, y entonces en vez de tener glicerina, tenía un sustituto más barato, que en vez de ser una medicina, era un producto para uso industrial, y que afecta el sistema nervioso central, y destruye el hígado y los riñones. Ochenta y cuatro bebés murieron.

Y lo mismo en China, en 2008, con leche para bebés adulterada con sustancias industriales para hacerla parecer normal.

“Estoy usando ejemplos alejados de la República Dominicana, muy deliberadamente, y tan distintos como Nigeria y como China, pero sólo para mostrar que es un problema global”, aclara.

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