Miguel David Collado Morales Alcalde del Distrito Nacional y la Prudencia

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Recientemente culminó la elección municipal del Alcalde del Distrito Nacional, que será inquilino por cuatro años del Palacio Municipal más notorio de los que conforman los municipios del país, ganando de manera arrollante el joven político Miguel David Collado Morales, también denominado “el emprendedor”. Para obtener el triunfo, se ha rumorado que contó con los votos de los simpatizantes del PLD, pero dicha situación ha sido desmentida por algunos intelectuales, que contrario a dicha posición, plantean que el político logró obtener el triunfo porque fue apoyado por los ciudadanos del Distrito, mucho de los cuales son miembros de partidos y otros no lo son.

En lo catorce años de gestión de Roberto Esmerito Salcedo Gavilán, ese Ayuntamiento recibió más de 60 mil millones de pesos, y en la actualidad aproximadamente más de 4,344 millones anuales, osea, más de 362 millones mensuales, que debiera el Alcalde saliente, rendir cuentas de ese dinero, que es mucho y que la población no lo vio invertido en la ciudad.

Ahora llegó el momento del nuevo Alcalde, reconociendo que la nómina del Ayuntamiento ronda por los 4 mil empleados aproximadamente, que no tienen la culpa en su gran mayoría, que la población haya votado en contra del partido que dominaba, por esta razón, sería prudente que el nuevo Alcalde barra de manera total con la cúpula de ese ayuntamiento, pero que no haga lo mismo con la cantidad de empleados de bajos sueldos, no importando del partido que sean, porque también ellos son dominicano y no sería conveniente, ni haría bien a la imagen del alcalde, provocar un desplazamiento obligado de empleados de esa categoría.

Diariodespertar.com.do, realiza un llamado a la prudencia al nuevo Alcalde de la capital, para que no permita que los comunes sin sabores se apoderen de los simples empleados del ayuntamiento, porque son en su gran mayoría personas pobre, digno de que un Alcalde de verdad lo respete y que a todo el que despida lo haga dentro del límite de la razonabilidad, porque la historia lo juzgaría con muy mal gusto, en caso de hacer lo contrario.