La atracción del dedo medio de Donald Trump

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En India, la democracia más grande del mundo, muchos votantes son tan analfabetos, que los partidos se denotan a través de símbolos. Congreso Nacional Indio es la palma de una mano, el partido Bharatiya Janata es una flor de loto, y así sucesivamente. Los votantes que no saben leer dejan su huella digital junto a la imagen de su partido.

A menudo me he preguntado qué símbolo capturaría el mensaje de Donald Trump. Los demócratas usarían el arco iris para expresar la diversidad de su coalición. Los republicanos tradicionales utilizarían el águila norteamericana para denotar su patriotismo; o tal vez la imagen de Ronald Reagan. El símbolo del Sr. Trump sería el dedo medio para expresar la opinión que tienen sus fanáticos sobre la política. “El Donald” es lo que opinan de Washington. No hay otro visual que lo exprese mejor.

La furia de la clase media de EE.UU. se ha convertido en la explicación estándar de las elecciones de 2016. Los votantes de clase media están furiosos, y se sienten traicionados. El Sr. Trump es su manera insensata de demostrarlo. Pero esto tal vez sea tan engañoso como las primeras opiniones que se expresaron acerca del Sr. Trump. Los votantes a favor del Sr. Trump no son caprichosos. Aquellos que lo apoyan están enviando un mensaje específico de desprecio hacia los políticos de carrera. Entre más los ofende el Sr. Trump — lo cual sucede cada hora — más efectivo es. “Hasta Trump es mejor que ustedes”, dicen. “Así han caído en nuestra estima”.

Muchas veces se ha dicho que el Sr. Trump ha obtenido su apoyo mayormente de aquellos que no tienen un título universitario. Pero su delantera es tan grande que también atrae el apoyo de más republicanos con títulos universitarios que cualquiera de los candidatos más establecidos. Eso no se escucha mucho.

Los extranjeros, particularmente de Europa, a menudo se imaginan a los de la clase media estadounidense como nativistas que pueden portar armas pero que no pueden comer con cubiertos. Es una caricatura engañosa. Hay mucho racismo en EEUU (al igual que en Europa). Pero está distribuido más uniformemente de lo que muchos suponen. El Sr. Trump se ha ganado un porcentaje más grande de votantes independientes y demócratas que cualquier otro candidato republicano. Y no todos sus aficionados son racistas. Algunos claramente lo son, y el Sr. Trump los ha complacido desvergonzadamente. Pero yo he conocido pocos seguidores del Sr. Trump que declaran esas tendencias. La mayoría se opone a ofrecerles amnistía a los inmigrantes ilegales, pero pocos cerrarían las puertas a inmigrantes no blancos que entrarían de manera legal.

Lo que la mayoría de los seguidores del Sr. Trump tienen en común es un desprecio de la hipocresía. Su candidato ha echado a un lado el libro de las reglas. No solicita donaciones. Declara que no las necesita, y presume de cuánto dinero tiene. Además, con gusto admite haber donado dinero a candidatos de diferentes partidos por motivos comerciales y para comprar su favor. “El Donald”, por su parte nunca se podrá “comprar”.

Hay dos suposiciones prevalentes sobre el Sr. Trump: que probablemente perdería en las elecciones generales, y que sería un presidente desastroso. Sería imprudente apostar por el primero. A diferencia de los políticos de carrera republicanos, el Sr. Trump tiene apoyo multipartidista. Es verdad que sus calificaciones negativas — de menos 27 puntos, según Gallup — son más altas que las de cualquier otro candidato potencial. Las calificaciones negativas de la Sra. Clinton son de menos cuatro puntos. El Sr. Trump es la figura política más despreciada en EE.UU., y posiblemente la figura más popular.

En una era tan polarizada, la habilidad para alentar a los votantes es más importante que la búsqueda del elusivo votante decisivo. Si añadimos el gran entusiasmo de los votantes a favor del Sr. Trump a su habilidad para recrear su imagen, sería imprudente no tomarlo en serio. Si llega a ganar la nominación, es factible que seleccionaría a una mujer no blanca como su compañera de fórmula; tal vez Nikki Haley, la gobernadora republicana de Carolina del Sur, quien es hija de inmigrantes de India. Otro ataque terrorista alimentaría su narrativa. La entrada de Michael Bloomberg, el ex alcalde de Nueva York, lo ayudaría aún más, ya que dividiría las élites de ambas costas.

¿Y si pasara lo impensable? ¿Cuál sería la magnitud catastrófica de una presidencia de Donald Trump? La victoria de Trump enviaría una señal de socorro sobre el estado de la democracia de EE.UU. Al elegir a Trump, EE.UU. estaría “mostrando su dedo medio” al mundo. Además, repudiaría gran parte de la atracción de EE.UU. Pero, ¿se paralizaría el gobierno en Washington? ¿Reescribirían los intereses especiales las leyes tributarias y dominarían los reguladores? Tal vez. Pero como dicen los aficionados del Sr. Trump, eso ya ha sucedido. ¿Por qué no admitirlo de una vez?

©The Financial Times Ltd, 2015. Todos los derechos reservados.

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