Iván García Guerra: Sin duda soy una figura de cierta importancia en la cultura de este país

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Santo Domingo. Iván García Guerra es uno de los artistas más completos de la República Dominicana. Y aquí el término de artista nos remite al arte en su más estricta expresión, situándolo también en el tránsito de la literatura, por su quehacer casi no vociferado pero ahí, latente, urticante y magistral del cuento, como expresión literaria acaso la más difícil, el tigre de la fauna literaria como bien la calificó otro maestro de maestros, el enorme e inolvidable Juan  Bosch.

Este año obtuvo el Soberano en los premios de la Asociación de Cronistas de Arte, por toda su vida dedicada a las tablas, al teatro, del cual forma parte del grupo más selecto de todos los tiempos en República Dominicana. A don Iván García Guerra lo hemos visto interpretar al Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha y al prócer padre fundador de la República Dominicana, Juan Pablo Duarte.

En esta entrega Iván García Guerra se expresa con libertad, con frases puntuales sobre una estructural diversidad de temas, cuyos tópicos muchos consideran de abordaje difícil, en una sociedad de egos engolados y de mezquindades propias de quienes no han entendido bien que la democracia no es un pecado y que de ello resulta que cada quien opine lo que quiera sobre cualquier tema.

Iván García Guerra está claro en que un hombre como Juan Pablo Duarte merece el respeto y la emulación de todos los dominicanos y aunque dice que no era un hombre de armas, esto no le quita que se tratara del líder de la revolución que sembró para siempre el jardín de un país independiente, aunque después, los propios dominicanos como el primer presidente de la Junta Central Gubernativa, Tomás Bobadilla y constitucional de la República, Pedro Santana causaran el dolor más profundo, laceraran su alma, fusilaran a valiosos patriotas como María Trinidad Sánchez y repatriaran a su madre, sus hermanas, con  la más grande de las traiciones, tanto que el más joven de los Duarte, perdió la razón.

“Sin importarme quién lo haya intentado, me resulta una mezquindad tratar, de escamotearle la merecida gloria a quien inculcó la idea de Patria a los que luego la hicieron posible.   Por supuesto que no estuvo en el Baluarte del Conde la noche de la Proclamación de Independencia;, no estaba en el país   No era un hombre de armas; pero llegó a los pocos días con  la intención de luchar, Y ya viejo, en medio de la Guerra de la Restauración volvió con el mismo propósito.   La cobardía, para mí, está en el infame objetivo de privar a un inconstante pueblo, del ejemplo de  la más alta imagen de pureza desinteresada  en toda América”, dice García Guerra.

En esta entrega, el autor, director, actor hace consideraciones interesantes sobre el Ministerio de Cultura, la que no le interesa, con la admisión de que está capacitado para ello y ofrece cinco puntos para valorar el trabajo en favor del escritor y del artífice como sinónimo de artista.

Tiene unos juicios que sacarán de quicio a los nacionalistas confrontados ideológicamente con uno de los expositores de la negritud como dogma irrebatible de la identidad, el intelectual haitiano Jean Price Mars.

“Price Mars, su defensa de la negritud, del Vodou como religión completa, de los pobres de su país y de su nacionalismo, me resulta un buen haitiano; al igual que cualquier compatriota consciente de nuestra realidad mestiza, respetuoso de la tradición cristiana, protector de nuestro pobres y defensor de nuestra independiente nacionalidad me parece un buen dominicano.   No entiendo, ni respeto ni acepto ningún historiador que no entienda su propio contexto”, dice.

Otros temas impactantes están ahí planteados, pero hay que entrar a esta entrevista en la que el invitado toca temas…diferentes.

A continuación la entrevista:

¿Por qué el teatro y no totalmente el cuento, hay muchos cuentistas en el país?

IGG: Para mí la lección de los géneros literarios no es un asunto completamente consciente.   Se me ocurre que cada idea o impulso viene con su forma inherente.   Aparte de que, de esto estoy seguro, tiene que ver con mi ocasional estado de ánimo y por supuesto con el tono y característica de su contenido.   Hay temas que deben ser comunicados en el escenario con intensidad histriónica.   Hay verdades que llegan mejor dentro de la privacidad de una página impresa y, sin lugar a duda, hay sentimientos que necesitan de la musicalidad del verso.   A que haya muchos cuentistas y poetas en el país o pocos dramaturgos no le pongo asunto, como decimos popularmente los dominicanos

Como uno de los más veteranos conocedores del mundo de las tablas, hay una pregunta que no podemos dejar de hacer, ¿se ha llevado por delante el cine al teatro en el país o se han complementado?

IGG: A pesar de que  el cine es un hijo de la calle del teatro, ambas formas poseen características distintivas muy contundentes-  En el primero la médula es la palabra; en el segundo lo substancioso es la imagen.   Comparten en casi la totalidad de los casos el elemento actoral; pero aún en esto su uso es diferente: lo que exige amplitud expresiva en uno, precisa casi siempre de sugerencias en el otro.   Y, por otra parte, nosotros, los intérpretes, podemos recurrir a ambos para disfrutar el placer de comunicarnos directamente con el público, o para dejar una muestra perdurable  de capacidad.   Eso, aparte de la posibilidad de ganar más dinero.

Usted ha representado a múltiples personajes, uno de ellos, Duarte.  Muchos de nuestros historiadores e intelectuales le han restado mérito a Duarte, incluyo aquí a Américo Lugo, lo han tildado de cobarde, porque no estuvo la noche de la proclama de la Independencia Nacional, ¿es Duarte el verdadero Padre de la Patria? ¿Por qué?

IGG: Sin importarme quién lo haya intentado, me resulta una mezquindad tratar, de escamotearle la merecida gloria a quien inculcó la idea de Patria a los que luego la hicieron posible.   Por supuesto que no estuvo en el Baluarte del Conde la noche de la Proclamación de Independencia;, no estaba en el país   No era un hombre de armas; pero llegó a los pocos días con  la intención de luchar, Y ya viejo, en medio de la Guerra de la Restauración volvió con el mismo propósito.   La cobardía, para mí, está en el infame objetivo de privar a un inconstante pueblo, del ejemplo de  la más alta imagen de pureza desinteresada  en toda América.

Aparte de un hombre de las tablas, que ha escrito cuentos ambientados en la Revolución de Abril de 1965, usted es una de esas voces que debemos escuchar, ¿qué nos hace falta para repensar el país, estamos en el camino, o vamos a la deriva?

IGG: Podríamos decir que el Mundo va a la deriva y que nosotros lo acompañamos.   Aquí lo que hace falta para preservar nuestra dignidad como Nación es establecer la justicia sin importar el costo.   Ese es el camino y para preservarlo quizás sea necesario partir varios cogotes.

¿La Guerra no es para nosotros o tenemos la esperanza escondida?

IGG: Una vez pensé que la esperanza estaba escondida o adormecida, y después descubrí que para encontrarla y despertarla se hacía necesaria una contienda bélica, aunque no nos gustara; aunque el importe fuera manchar nuestra conciencia con sangre.   No siempre son los asuntos como queremos, y eso hay que aceptarlo por el bien de la humanidad.

¿Qué haría Iván García Guerra si en algún momento lo designan Ministro de Cultura? Cinco puntos de su visión para transformar el mundo cultural y con ello dignificar la vida de los artífices del arte y la literatura.

IGG: Para evitar juicios apresurados o mal originados comienzo diciendo que no me interesa encabezar el Ministerio de Cultura, aunque bien podría hacerlo.   Me pides cinco puntos de mi visión para incrementar el valor y la funcionalidad de la cultura.   Pues a continuación te van: 1ro. Respetar el hecho de que todos formamos parte del mundo cultural, no sólo los  artistas cultos, ni solamente los artistas populares; 2do.  En los diferentes puestos dirigenciales y subalternos debe haber expertos, aunque no sean necesariamente amigos; 3ro. El salario debe  ser suficiente para que los trabajadores puedan dedicarse en tiempo completo a sus obligaciones; 4to. Es imprescindible ampliar y “desantodominguizar” el espectro cultural en cuanto se refiere a recibir y a conceder; y 5to. Respetar al Artista como cualquier otro ciudadano digno.   Como ves no hay nada misterioso ni indecible.

¿Necesita el país un sombrero lleno de lluvia o se busca un hombre honesto?

IGG: El “Sombrero lleno de lluvia” obra de Michael Vincente Gazzo, tiene que ver  con drogadicción, alcoholismo, fidelidad matrimonial y unión familiar; todos temas necesarios para cualquier conglomerado humano.   En cuanto a “Se busca un hombre honesto”, el clásico de Franklin Domínguez, fue necesaria cuando se escribió hace unos cincuenta  años y lo es ahora; pero quizás con una pequeña enmienda: “por lo menos hacen falta tres  hombres honestos”.

¿Necesitamos un Broadway, un Hollywood o más bibliotecas en República Dominicana para crear mejores artistas, guionistas, actores y ciudadanos?

IGG: Los de mi generación y las otras que nos antecedieron o siguieron, nunca necesitamos un Broadway, ni un Hollywood o bibliotecas públicas para convertirnos en lo que somos: buenos, regulares o malos.   Estoy convencido de que progresar es un asunto de  comprometerse, trabajar por metas claras y persistir sin darle importancia al cansancio.

Al mencionar dos nombres, Pedro Henríquez Ureña y Manuel Arturo Peña Batlle, ¿qué ideas le surgen en su formación crítica sobre el destino dominicano?

IGG: Henríquez Ureña y Peña Batlle fueron dos mentes brillantes que enfrentaron de manera circunstancial y acomodaticia la realidad dominicana.  No vislumbro conexión entre ellos y sus conceptualizaciones, ni me parecen fundamentales sus  aportes relativos al destino de nuestro pueblo.   Tal vez sea por mi incultura…

El controversial libro El Ocaso de la nación dominicana, de Manuel Núñez habla de la traición histórica de los intelectuales dominicanos ante la narración de hechos  sobre las batallas libradas con Haití, ¿usted cree en ello?

IGG: Manuel Núñez, aunque por momentos asaz apasionado, mantiene un posicionamiento sobre el conflicto domínico—haitiano que me  parece incisivo y necesario, sobre todo en estos momentos en que los intereses económicos procuran dictar las reglas del juego.   Estoy de acuerdo con sus lineamientos generales.

Jean Price Mars es un nombre clave para la creación de una ideología que acusaba al dominicano de racista y a quien los historiadores dominicanos lejos de enmendarle la plana, han rendido culto, ¿cómo definir esa actitud?

IGG: Price Mars, su defensa de la negritud, del Vodou como religión completa, de los pobres de su país y de su nacionalismo, me resulta un buen haitiano; al igual que cualquier compatriota consciente de nuestra realidad mestiza, respetuoso de la tradición cristiana, protector de nuestro pobres y defensor de nuestra independiente nacionalidad me parece un buen dominicano.   No entiendo, ni respeto ni acepto ningún historiador que no entienda su propio contexto.

Tuvimos a una Salomé Ureña, también a una Aida Cartagena Portalatín e incluso, en la narrativa a una Hilma Contreras, mujeres de una formación humanística reconocida, ¿cree que las jóvenes poetas y las jóvenes narradoras tienen posibilidad de ocupar parte del espacio que legaron esas creadoras?

IGG: Mencionas tres íconos femeninos que supieron llevar sus posibilidades a niveles de excelencia.   Hay que darles oportunidad a las nuevas generaciones de que trillen sus caminos.   Mientras hay vida la esperanza perdura.

Muchos consideran que es usted uno de los hombres de teatro de mayor importancia en el país, ¿sirve para algo esa consideración, en un país con tantas taras sistémicas en el entorno cultural?

IGG: Sin duda soy una figura de cierta importancia en la cultura de este país, y nuestra gente, por encima de las taras culturales sistémicas, ciertamente necesita de ejemplos, o si le parece mejor, de referencias positivas.

¿Sigue siendo República Dominicana un país de poetas y cuentistas, o el teatro rompió esos esquemas?

IGG: Éste, nuestro amado país, sigue siendo poseedor de una amplio y rico caudal de literatura en todas sus manifestaciones.

¿Hace falta una crítica literaria seria y objetiva o estamos bien a la libre, sin que nadie enfile los cañones hacia la literatura dominicana?

IGG: Siento un dedo hurgando en una llaga personal.   Hay críticos, no muchos, conocedores de las fuentes de su trabajo; pero los medios esta copados por analfabetos fundamentales que no pasan de ser cronistas desinformados.   Y, lo que es peor, siento que es esto una conveniencia para sus jefes.

¿Qué cree que falta en República Dominicana para que el escritor y la escritora real, quien trabaja en un ejercicio sincero, cuente con las herramientas que faciliten su ejercicio, tomando en cuenta un mercado editorial prácticamente complejo cuando no inexistente?

IGG: Una respuesta fácil es: “mecenas”.   Eso falta.   Y sobre ellos, gobiernos conscientes de la importancia profunda que tiene la  expresión literaria.

¿Qué opina del desdén que se muestra desde muchos ámbitos hacia los autores dominicanos y las preferencias de autores del exterior sobre nuestros escritores, es cierto que esto se debe a que tienen una mayor calidad o que se trata de una realidad impuesta por las propias deficiencias sistémicas del país?

IGG: Nuestra calidad literaria es inconfundible e innegable.   El asunto es que las preferencias de algunos ilustres dictadores de la ignorancia han creado una fuerte resistencia “guacanagarixense”.que construye y mantiene las deficiencias sistémicas.

¿Existen las fronteras en este mundo globalizado?

IGG: Por supuesto que existen fronteras.   ¿Participamos los dominicanos de los beneficios de la nación norteamericana?   No, ¿verdad?   La globalización no es más que otro apelativo en la defensa de intereses imperiales.   Es como aquel “América para los americanos” (entiéndase norteamericanos),  de Teddy Roosevelt.

¿Existe una poesía y en términos generales una literatura dominicana? ¿Qué nos falta?

IGG: Existe ciertamente una poesía y una literatura dominicana.   Nos falta promoción, la comprensión y el  orgullo de los dominicanos.   Estamos a la altura de cualquier otra sociedad de cualquiera de los cinco continentes.

¿Qué opina de los autores jóvenes dominicanos?

IGG: Opino que las nuevas generaciones tienen que romper con la modestia, y lo que es más importante, darse cuenta de que mientras más se trabaja más lejos se llega.

¿Qué le parecen las intervenciones de los intelectuales dominicanos en las redes, se abusa de Facebook, los temas que tratan son frívolos, inducen al debate o deberían alejarse un poco?

IGG: No tengo nada en contra de Facebook o de cualquier otro entorno electrónico.   Es lo que está a nuestro alcance para dar a conocer nuestras creaciones.   Por supuesto hay allí frivolidades y otras yerbas como en cualquier otro medio tradicional.

Finalmente, ¿Quién es  Iván García Guerra?, que los niños, los adolescentes y los jóvenes puedan entender las razones de su pensamiento y de sus actitudes intelectuales de escritor y actor comprometido con la causa de su país, que mira su entorno y reflexiona?

IGG: Este humano, Iván García Guerra, se desvive por asperjar las bendiciones que ha recibido: por hacer copartícipe a los demás de las fortunas que devienen de un comportamiento correcto.   No pretende manejar verdades absolutas; pero es flel a las realidades que ha comprobado que pueden ayudar a construir una Nación y un Mundo mejor. Sencillamente por ello… es feliz.

Biografía activa

Iván García Guerra (San Pedro de Macorís, República Dominicana, 26 de febrero de 1938) es un actor de teatro, narrador, periodista, dramaturgo, profesor y director de teatro dominicano reconocido en el año 2015 con el Gran Soberano máxima distinción que se en los premios soberano.

Se inició como actor de teatro en el 1955 con “El Gran Teatro del Mundo” en el papel de “El Pobre”. Desde entonces se ha mantenido activo. Ha sido aplaudido, además, por sus caracterizaciones protagónicas.

Ha actuado en un diversas obras tales como “El Divino Impaciente”, “Un Sombrero Lleno de Lluvia”, “Un Tal Judas”, “Se Busca un Hombre Honesto”, “Entre Alambradas”, “Esperando a Godot”, “Edipo Rey”, “Duarte, Fundador de una República”, “Rashomón”, “La Ópera de Tres Centavos”, “Espigas Maduras”, “El León en Invierno”, “Entre Dios y el Diablo”, “Mistiblú”, “Largo Viaje del Día Hacia la Noche”, “Las Alegres Comadres de Windsor, “En Casa de Romeo, Julieta de Palo”, “La Controversia de Valladolid”, “Interioridades”, “El Flautista de Hamelin” “Amadeus”, “Canción de Navidad”, “¿Qué tiene de malo?”, “Evita”, “Eva Perón”, “La Bella y la Bestia”, “Las Brujas de Salem”, “El Beso de la Mujer Araña”, “Carta a Trujillo”, “Réquiem para la noche de un viernes”, y en más de otros 200 personajes, la mayoría protagónicos. Sus experiencias teatrales comprenden, además de todas las técnicas escénicas, la actuación, la dirección, la dramaturgia y el profesorado.

La primera obra dirigida por él fue “Julio César” de William Shakespeare, en el año 1958. Y su primera creación dramática, “Más Allá de la Búsqueda”, estrenada en el 1er Festival de Teatro Dominicano, celebrado en Bellas Artes en el 1963.

Ha publicado cuatro libros que recogen algunas de sus piezas: “Más Allá de la Búsqueda”, “Teatro Iván García Guerra”, “Andrómaca” y “Retratos de una Guerra”; más un libro de cuentos “La Guerra no es Para Nosotros”, y “Antología Narrativa”, que reúne treinta y un cuentos seleccionados de sus colecciones “Mientras el Alba no Llegaba”, “El Ocaso de Piscis”, “Cuentos de la Esperanza Escondida”, “Semana Santa”, “La Guerra No es Para Nosotros”, “Trilogía”, “Siglo Veinte” y “El Gran Cuento”, autobiografía en siete partes. También una obra alrededor de la historia dominicana: “Peregrinaje”, traducida al inglés y editada en ambos idiomas. Algunos de sus obras teatrales y sus cuentos han sido recogidos en antologías españolas, argentinas, mexicanas, venezolanas y alemanas. En la actualidad se encuentran en proceso de publicación sus libros: “Manual de Actuación”, “Manual de Dirección”, “Manual de Dramaturgia”, “Historia del Teatro Mundial”, “Historia del Teatro Dominicano”, “Historia Inferida de la Actuación”, un “Diccionario Enciclopédico del Teatro Dominicano”, una selección de nuevos textos para teatro, y “Teatro en Verso y Versos Teatrales”. También una antología poética: “Gritos y meditaciones’.

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