Brasil: Gobierno de Temer todavía opera con cautela

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El nuevo gobierno muestra escasa evidencia de que vaya a implementar enérgicas soluciones.

¡Esta luna de miel realmente duró poco! Menos de dos semanas después de asumir el cargo, el nuevo gobierno de Brasil bajo el presidente interino Michel Temer está envuelto en su primer escándalo. También enfrenta protestas callejeras constantes y, según algunos cálculos, ya es tan impopular como el gobierno de Dilma Rousseff al que reemplazó.

El lunes por la noche, el nuevo ministro de Presupuesto, Romero Jucá, tuvo que retirarse del cargo que recién había asumido después de que salieran a relucir acusaciones de que planeaba obstruir la investigación de corrupción “Lava Jato”, o lavado de autos, la cual se ha extendido a través del panorama político de Brasil.

Los inversores debieran prestar atención. Ellos han estado comprando acciones, bonos y moneda locales sobre la base de que el nuevo gobierno conduciría al país de vuelta a la ortodoxia económica y a la estabilidad política. Tal y como Medley Global Advisors (MGA), un servicio de investigación macro propiedad de Financial Times (FT), ha constantemente argumentado, es probable que obtengan menores resultados de cualquiera de ellos de los que esperan.

En primer lugar, consideremos la política. La coalición izquierdista de la Sra. Rousseff se vino abajo no sólo por su mala gestión de la economía y del presupuesto federal, sino también porque muchos de sus políticos — incluyendo miembros de alto rango de su partido, el Partido de los Trabajadores (PT) — se vieron implicados en la aceptación de sobornos y donaciones políticas de empresarios, con la empresa estatal Petrobras en el centro de la mayoría de estas ‘negociaciones’.

Si bien muchas de estas alegaciones son indudablemente acertadas, siempre fue ingenuo creer que la corrupción se limitaba al PT. Como la investigación en curso lo está haciendo cada vez más evidente, la descomposición se extiende a lo largo y ancho del espectro político, e incluye a importantes figuras dentro del propio partido, más centrista, del Sr. Temer: el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB).

Las más recientes revelaciones indican que el Sr. Jucá, cuando todavía era sólo un senador esta primavera, estaba organizando una amplia alianza de figuras provenientes de los poderes establecidos — incluyendo algunas de las todavía poderosas fuerzas armadas brasileñas — para derrocar a la Sra. Rousseff, no porque ella hubiera manejado inadecuadamente el presupuesto (la razón técnica de su destitución), sino con el fin de llevar al PMDB al poder y así permitirle al nuevo gobierno aplastar la investigación “lavado de autos”.

Claramente, estas divulgaciones son explosivas. No sólo les proporcionan munición a los partidarios de la Sra. Rousseff que sostienen que su destitución es un “golpe de estado derechista”, sino que también ponen en duda cuál es el propósito de la administración del Sr. Temer y cuán genuina es su voluntad de abordar la grave situación económica de Brasil, con la cual los mercados están contando.

Para ser justos, en ese frente el nuevo gobierno ha empezado tomando medidas correctas, nombrando a algunas personas altamente creíbles a las carteras claves. El ex presidente del Banco Central, Henrique Meirelles, es el nuevo ministro de Finanzas, e Ilan Goldfajn, un respetable economista del sector privado, se convertirá en el nuevo gobernador de BACEN, el banco central.

El problema es que mientras más se debilite la legitimidad política del Sr. Temer y mientras más le arrastren los escándalos y los errores (como el no nombrar a ninguna mujer en su gabinete), menos dispuesto estará a arriesgar su restante capital político en busca de la austeridad fiscal que Brasil tanto necesita.

El reciente anuncio de que el déficit presupuestario primario de este año (antes de costos del servicio de la deuda) pudiera ser hasta de un 2.8 por ciento del producto interno bruto (PIB), cuando Brasil tradicionalmente tiene un superávit — el cual tiene que mantener para evitar que su carga de la deuda se eleve a niveles insostenibles — demuestra cuán imperiosa es la necesidad de que se corrija la situación. Sin embargo, ya está claro, declaró MGA, que el gobierno no está dispuesto a aumentar los impuestos debido a que tales medidas son extremadamente impopulares.

En lugar de aumentar los ingresos, el Sr. Temer y sus ministros están ideológicamente más inclinados a recortar el gasto, a recortar la burocracia y a reformar el excesivamente generoso sistema de pensiones. Éste es claramente el camino a seguir, dado que el 90 por ciento del gasto público es actualmente “fijo”, lo cual reduce la flexibilidad del gobierno. Pero éstas son difíciles reformas a largo plazo que requerirán negociaciones con los poderosos sindicatos del país y con aliados en el Congreso de escasa fiabilidad; tradicionalmente, semejantes negociaciones han dependido de la distribución de patronazgo.

Mientras tanto, el banco central enfrenta retos propios. Dada la significativa contracción de la economía — que se espera se reduzca en un 3.7 por ciento adicional este año — el banco central debería estar recortando las que son algunas de las tasas de interés más altas del mundo.

El Sr. Goldfajn indudablemente tiene la intención de hacerlo. Sin embargo, la inflación está disminuyendo sólo gradualmente de su máximo de más del 10 por ciento, y tomará tiempo volver al objetivo de un 4.5 por ciento del BACEN. Es probable que este año termine en alrededor de un 7 por ciento.

El banco sin duda dejará las tasas en el actual 14.25 por ciento el 8 de junio, fecha en la que se celebrará la última reunión bajo el gobernador saliente de línea dura Alexandre Tombini. El Sr. Goldfajn pudiera entonces empezar a recortarlas tan pronto como durante su primera reunión el 20 de julio.

Pero, a menos que el gobierno haya actuado de manera decisiva en asuntos de reformas fiscales para entonces, lo cual es poco probable, MGA cree que es posible que el Sr. Goldfajn primero espere hasta que la inflación disminuya aún más. Eso significa que, probablemente, el ciclo de relajación no se iniciará hasta agosto o después, retrasando cualquier recuperación.

Mientras tanto, es probable que la Reserva Federal de EEUU haya elevado sus propias tasas de interés nuevamente, lo cual pudiera ocasionar que el real brasileño — que ha subido fuertemente este año debido al proceso de juicio político — cayera frente al dólar.

El mensaje general es que, aunque Brasil tiene actualmente el nuevo gobierno que los inversores han estado esperando, sus problemas subyacentes no han desaparecido, y el repunte de este año en los mercados de activos locales está descontando una gran cantidad de buenas noticias, dejando poca cabida para contratiempos.

Por Dan Bogler (c) 2016 The Financial Times Ltd. All rights reserved