Apple se enfrenta a oponente audaz con respecto a la tributación mundial

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Margrethe Vestager ha implementado una iniciativa atrevida y revolucionaria, pero ése también era el estilo de Steve Jobs.

“Esto es para los locos. Los inadaptados, los rebeldes, los problemáticos, los alborotadores. Las clavijas redondas en agujeros cuadrados. Ellos no tienen apego a las reglas y a los que no tienen respeto por el status quo”, decía el panegírico del comercial de televisión de Apple“Piensa diferente” en 1997. Y siguiendo el mismo espíritu, esto es para Margrethe Vestager.

La comisaria de competencia de la Unión Europea (UE) insiste en que ella no ha ocasionado problemas deliberadamente. al decidir esta semana que Irlanda debería recaudar €13 mil millones en impuestos que permitió que Apple no pagara durante más de una década. “No se han cambiado ningunas normas; ni tan siquiera una”, replicó ella ante la acusación de que estaba destruyendo tratados fiscales internacionales y desviando los ingresos fiscales de EE.UU. a Europa. Ella permaneció impasible ante el revuelo.

La Sra. Vestager parece haber tomado lecciones en presentación de Apple. Su denuncia original de 2014 en contra de la compañía estaba abarrotada de detalles. La versión actualizada de esta semana era concisa y clara, presentando el argumento de una manera sencilla. Es probable que Steve Jobs hubiera apreciado el elegante diseño danés, pero el contenido enfureció a los gobiernos de EEUU e Irlanda, así como a Tim Cook, el sucesor del Sr. Jobs como director ejecutivo de Apple.

Su simplicidad representa tanto una debilidad como una fortaleza. La debilidad es que es difícil creer que será sostenible ante un tribunal, en donde indudablemente el argumento irá a parar. Hay un cierto grado de excesiva ‘pulcritud’ acerca de la manera en la que la Sra. Vestager cortó el nudo gordiano de los precios de transferencia y de la residencia fiscal de un solo golpe al declarar que los convenios de tres décadas de antigüedad de Apple con Irlanda eran inválidos.

El impuesto sobre la renta de las sociedades es una cuestión compleja: la propiedad intelectual se puede mudar a ubicaciones en el extranjero y puede ser explotada en condiciones de mercado según complejas fórmulas de las partes relacionadas; las ventas en un país pueden convertirse en ingresos en otro; las empresas estadounidenses pueden trasladarse a algún otro lugar. Si cualquier régimen fiscal que supere a los demás puede ser proscrito como ayuda estatal selectiva, una gran cantidad de abogados fiscales se quedarán sin trabajo.

La fortaleza de la Sra. Vestager es que nada de eso tiene mucho sentido, o es justificable, para los contribuyentes individuales. “Si mi tasa impositiva efectiva fuera de 0.05%, cayendo a 0.005%, yo hubiera sentido que quizá debiera darle otro vistazo a mi factura de impuestos”, dijo ella. Apple insiste en que pagó US$400 millones en impuestos en Irlanda en 2014, pero la retórica de la Sra. Vestager era poderosa.

Apple sonaba bastante nerviosa mientras que declaraba en protesta que las apariencias eran engañosas. En materia fiscal, se parecía al personaje “nerd” que representaba a las PC en la campaña “Ven a Mac” de la década de 2000, y la Sra. Vestager al personaje audaz y seguro de sí mismo que representaba a las Mac. Mientras Apple más explique que ha diferido la tributación, y que no la ha evadido, más convencionalmente corporativa se verá.

Su reto fiscal es bastante sencillo, y común entre muchas empresas estadounidenses. Apple produce la mayor parte de su valor — propiedad intelectual, tecnología y diseño — en California. En virtud de los existentes tratados fiscales globales, pudiera legítimamente canalizar la mayor parte de las ganancias de todo el mundo de vuelta a EEUU a través de regalías sobre las ventas en el extranjero.

Pero no quiere hacerlo, porque eso implicaría pagar hasta un 35% de impuestos sobre los beneficios en EE.UU., en comparación con el 12.5 por ciento en Irlanda. La respuesta simple, como lo señala la Sra. Vestager, sería pagar más bien el segundo; Apple está estructurada de tal manera que pudiera fácilmente hacerlo. Sus filiales irlandesas tienen derechos de regalías por las ventas en Europa y la mayoría de los beneficios fluyen hacia Irlanda.

¿Paraíso fiscal?

Pero Irlanda solía ofrecer una peculiaridad: el derecho a formar compañías que no fueran residentes fiscales allí o en EE.UU. En lugar de pagar impuestos inmediatamente, Apple podía diferir el pago bajo las leyes fiscales estadounidenses. De ahí su enojo por haber sido acusada de evasión de impuestos: donde otros ven miles de millones en impuestos irlandeses no pagados, Apple y el gobierno de EEUU ven futuros impuestos estadounidenses. En general, Apple no es un agresivo evasor fiscal: la compañía pagó US$19.1 mil millones en impuestos el año pasado.

Sin embargo, el asunto no es tan simple. Apple ha hecho provisiones para diferir impuestos en EEUU en un monto de alrededor de la mitad de los US$215 mil millones en efectivo y equivalentes que mantenía en el extranjero en 2015. Apple está esperando que la tasa impositiva de EEUU disminuya antes de repatriar este dinero a los accionistas, pero esto pudiera tomar un largo tiempo. Es probable que nunca envíe de vuelta el resto: las compañías estadounidenses a menudo reinvierten el efectivo en el extranjero en crecimiento o adquisiciones.

El gobierno estadounidense continúa intentando aprobar reformas fiscales, y los detalles de las estructuras fiscales de Apple en Irlanda surgieron públicamente por vez primera durante una investigación de un comité del Senado hace tres años. El Senado identificó el dinero en efectivo de compañías estadounidenses en el extranjero como un impuesto objetivo de EE.UU., no de la UE.

En esta situación entró la Sra. Vestager, con su plan para que Irlanda recupere €13 mil millones, y para permitir que otros países de la UE hagan sus propios reclamos de pago sobre ese dinero. Puesto que nadie más hizo movimiento alguno, ella ganó ventaja por hacer el primero, y la legislación de ayuda estatal le ha proporcionado extraordinarios poderes judiciales. Es un movimiento audaz, revolucionario y sorprendente, pero ése también era el estilo de Steve Jobs.

Su osadía va a cambiar las reglas de tributación mundial si sobrevive los retos legales. Bill Gates, el cofundador de Microsoft, solía molestarse porque Apple era más moderna y audaz que su propia compañía; sin embargo, pelear contra la opinión pública no lo llevó a ninguna parte. En la Sra. Vestager, Apple ha encontrado a una oponente tan audaz como la compañía misma.