La Simulación de una Democracia que se Derrumba

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Por Dr. José Parra Báez

En el día de hoy el país asiste al inicio de un nuevo mandato presidencial y a la “renovación” del aparato congresual que le sirve de predicamento. Esto sucede en el marco de la celebración del aniversario de la gesta de la Restauración, ocasión en que un grupo de soldados de la patria y el pueblo mismo, machetes en manos, izaron la bandera tricolor en Capotillo y llenaron de gloría la historia y el deseo de libertad que todavía anhela el pueblo dominicano.

De seguro que en los discursos de hoy habrá la más elocuente simulación de patriotismo, democracia, de emulación a nuestros heroicos antepasados que ofertaron sus vidas en aras de alcanzar una verdadera República “libre, independiente y tranquila”, con justicia social y paz duradera. Habrá desde luego la mención de Duarte, Sánchez, Mella, Luperón, Salcedo,… aunque después del discurso entren al retrete a enjuagarse las bocas –con agua bendita- que estará presente, también, como forma de legitimar el sacrilegio.

Por contrario, ninguno de los discursantes hablará de que la reelección de Danilo Medina fue comprada al igual que la mayoría de los congresistas del partido oficial que la canjearon a cabio de también garantizar sus cargos en el Congreso, garantizando también una tajada del poder y un escaño en el escenario del negocio de la política que genera pingues beneficios. No se sabrá tampoco cuál fue el precio que constó esa reelección, ni cuantos actos debieron ser indultados para que reposen impunes para la eternidad.

Ningún discursante recordará que el primer periodo de Danilo Medina tuvo como antecedentes el mayor fraude fiscal de la historia del país –más de doscientos mil millones de pesos-. Tampoco se hablará de los contratos de lesa patria firmados con la rapiña y el capital extranjero que abarcan desde la CDE, el CEA, la Carretera del Nordeste, los radales, la concepción de los Aeropuertos, los aviones Tucanos, hasta las plantas de Punta Catalina y la reconstrucción del Malecón –un año después de que había sido reparado.

Tampoco habrá quien mencione que estas fueron las elecciones más oscuras y tramposas de la historia, además de ser las más costosas. De seguro que nadie se referirá a los actos lesivos del patrimonio del Estado en que se incurrió con la compra  caprichosa y unipersonal de unos escáner que no funcionaron. Todo lo contrario, probablemente haya un reconocimiento al jefe de la organismo electoral que regentea la falsa democracia.

El más ovacionado será el presidente. La figura principal de la obra teatral. Aquel que mintió al pueblo al decir que para reelegirse había que comerse un tiburón podrido. Su discurso será motivo de encendidos aplausos de un público igual simulador compuestos por señoras y señores ataviados de blanco desde la cabeza a los pies. Mientras que afuera, los mismos pobres que serán llevados al patíbulo durante estos cuatro años –si no se rebelan-, vociferan consignas y vivas a un presidente que se le paga con la comida de un día. Habrá también algunos que se auto-invitan, pero afuera se quedaran con la plebe, pues no podrán pasar.

El número uno del elenco volverá hacer las promesas de combatir la corrupción, de frenar la criminalidad, de llevar camas a los hospitales, de reformar el sistema educativo, de terminar con los apagones, de mejorar la condición de vida de los/las dominicanos/as, de garantizar la seguridad social, y, en fin, todos saldrán convencidos de que así será y se darán los acostumbrados abrazos de congratulaciones.

Todo este teatro que justifica a unos políticos que dispendian el erario público a su antojo y mantienen un país en la extrema pobreza no es más que la simulación de un poder construido sobre la base de medios truculentos y engañosos, sobre la trampa y la compra, sobre la corrupción. A mi no me convencen con sus discursos y aplausos. A mi no me distraen con su escena de mal gusto en cuyo argumento presentan a una democracia que se derrumba por su desvergüenza.