Santo Domingo. De acuerdo a la Ley Monetaria y Financiera (LMyF), el régimen cambiario dominicano se basa “en la libre convertibilidad de la moneda nacional con otras divisas”, en el que los agentes económicos pueden realizar compra y ventas “en las condiciones que libremente pacten”, y en el que el Banco Central no puede, “en caso alguno”, establecer que determinadas operaciones de cambio internacionales deban realizarse exclusivamente con éste o “en condiciones que no aseguren libre determinación de precios en el mercado”.
Esta normativa sobre el mercado cambiario dominicano determina que en un contexto en que haya escasez o abundancia de dólares, su precio, con relación al peso, suba o baje, lo que refleja la conocida ley de la oferta y la demanda.
La LMyF permite la intervención del Banco Central de República Dominicana (BCRD) con el objetivo de estabilizar la tasa de cambio, en momentos en que refleje un comportamiento volátil. En su artículo 31, estipula que esa entidad reguladora procurará mantener un nivel adecuado de reservas internacionales, con el objetivo de promover la estabilidad monetaria y la confianza en las políticas macroeconómicas.
De acuerdo al reglamento de la misma ley, en el país las operaciones cambiarias se deben enmarcar dentro de los principios de convertibilidad y transferibilidad, que permitan una mayor eficiencia y competencia en el mercado cambiario, “consistente con un régimen cambiario de libre flotación”.
Para ese fin, el BCRD debe publicar un tipo de cambio de referencia de compra y de venta, “basándose en el promedio ponderado de las operaciones efectuadas diariamente” por las entidades financieras y otros intermediarios cambiarios.
Pero en la vida real es observable desde hace unos meses, que las entidades financieras mantienen congelada por período, y a la vista de todos, una tasa de venta del dólar en 46 pesos por un dólar, lo que resulta en una precisión matemática que se aleja del comportamiento esperado de la interacción entre la oferta y la demanda.
A Diario Libre le llegó el siguiente testimonio de un caso ocurrido la semana pasada: una persona intentó comprar entre los bancos privados un monto de US$250 mil , y después de múltiples intentos, solo le ofrecieron US$10 mil.
En contraste con la virtual estabilidad cambiaría, en la rutina diaria del mercado cambiario persisten las dificultades para adquirir las divisas en los montos demandados. Esto es observable hasta en las operaciones minoristas, que según el Reglamento Cambiario, aprobado en 2006 por la Junta Monetaria, corresponde a operaciones diarias de 10 mil dólares o menos.
En una aparente elusión de alguna medida, varias semanas atrás, en uno de los principales bancos del país, se le comunica a este reportero que para comprar 10 mil dólares debe ir acompañado de “otra persona”, para venderle a cada una “cinco mil dólares”. Pero a juzgar por los niveles de Reservas Internacionales del Banco Central, la economía dominicana cuenta con dólares relativamente suficientes.
Desde diciembre de 2015, el promedio mensual de las reservas internacionales netas (RIN) del Banco Central superan los US$5,000 millones. Si se incluye el mes de abril de 2014, de acuerdo a las estadísticas monetarias, en la historia de la economía dominicana eso se ha visto solo en 10 meses, de los cuales, nueve son períodos consecutivos.
Al 8 de agosto pasado, las RIN alcanzan los US$5,184 millones, lo que representa un poco más de cuatro veces las importaciones mensuales. Eso es una hazaña en un país donde esta proporción se ha mantenido históricamente por debajo de tres. Estos relativos altos montos de las RIN, han estado bajando desde enero de 2016, cuando alcanzó los US$5,637.9 millones, equivalentes a cinco meses de importaciones mensuales. Pero su persistencia en mantenerse por encima de cuatro, hasta agosto, es una novedad histórica, aunque no aparezcan suficientes para suplir la demanda de dólares en la calle.



