Donald Trump se evalúa a sí mismo con un 10 en economía

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Washington . Un año después de su victoria electoral, el presidente, Donald Trump, no se cansa de achacar a la confianza generada por su Gobierno la buena salud de la economía, con un desempleo en mínimos desde 2000 y los máximos históricos alcanzados por la Bolsa de Wall Street en el último año.

“El mercado financiero alcanzó ayer (lunes) un nuevo récord histórico. Hay una gran confianza en las medidas que mi Gobierno está adoptando”, afirmó Trump este martes en su cuenta de Twitter desde Corea del Sur, segundo país que visita en su gira asiática.

El mandatario se refería a la jornada del lunes en Wall Street, donde por segundo día consecutivo sus tres principales indicadores, el Dow Jones de Industriales, el selectivo S&P 500 y el índice compuesto del mercado Nasdaq, terminaron en máximos históricos.

Desde el 8 de noviembre de 2016, fecha de su victoria sobre su rival demócrata Hillary Clinton, Wall Street se ha disparado: el Dow Jones registra una subida acumulada del 30 % mientras que el S&P 500 cuenta con un incremento del 21 %.

Asimismo, justo después de que el Departamento de Trabajo divulgase el pasado viernes el nuevo dato de la tasa de desempleo correspondiente al mes de noviembre, el mandatario celebraba la cifra desde el avión presidencial rumbo a Hawai.

“El desempleo ha bajado al 4,1 %, el menor en 17 años. 1,5 millones de empleos creados desde que asumí el cargo”, recalcó el pasado viernes en otro mensaje desde su red social favorita.

Tras un año de constantes polémicas, escándalos y fallos del Tribunal Supremo en contra, la economía es el ámbito donde el presidente estadounidense se muestra más cómodo.

Trump hizo campaña electoral con un agresivo mensaje contra su predecesor Barack Obama, a quien acusó de haber destrozado el poderío económico de EEUU y ahogar la iniciativa empresarial bajo una montaña de regulaciones y una expansión del papel del Gobierno federal.

Frente a ello, propuso una agenda de proteccionismo comercial, liberalización y desregulación económica y medioambiental. Y en gran medida, lo ha cumplido.

Desde que llegó a la Casa Blanca, el 20 de enero de este año, el presidente número 45 ha centrado precisamente gran parte de su esfuerzo en desmontar el legado de Obama.

El primer día en el poder rescindió el Tratado Transpacífico de Comercio (TPP, en inglés), negociado por su antecesor con otros once naciones de la cuenca del Pacífico; y poco después forzó la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), en vigor desde 1994 con México y Canadá.

También retiró a EEUU del Acuerdo del Clima de París, alcanzado para reducir las emisiones contaminantes y ante la estupefacción internacional, con el argumento de que situaba una carga excesiva en las empresas estadounidenses frente a la de otros países.

Si bien el cambio de registro de Washington en materia comercial ha sido de 180 grados respecto a Obama, defensor de los beneficios de la globalización, lo cierto es que la recuperación económica ya se había consolidado durante los años del primer presidente afroamericano estadounidense

La economía de EEUU, la mayor del mundo, creció durante el segundo mandato de Obama en torno al 2 % anual y la tasa de desempleo, cuando Trump ganó las elecciones presidenciales, era de 4,6%.

Actualmente, la tasa de desempleo está en el 4,1 % y el ritmo anual de crecimiento anual se ubicó en el tercer trimestre del año en un 3 %. Son datos mejores que los de Obama, pero se enmarcan en una tendencia que ya precedía a la llegada del magnate inmobiliario neoyorquino.

“Los presidentes heredan economías, y el presidente Trump tuvo el beneficio de heredar una economía que estaba ganando impulso a finales de 2016”, apuntó Ryan Sweet, economista de Moody’s.

Sin embargo, todo ello lo ha logrado sin sacar adelante propuestas legislativas de calado, y con el gran fracaso de no haber conseguido la revocación de la reforma sanitaria conocida como “Obamacare” ante la falta de unidad en su propio partido republicano.

El gran reto pendiente de Trump ahora es la reforma fiscal, con notables recortes de impuestos para trabajadores y empresas, que ha calificado como “histórica” y ha prometido firmar en Navidades.

La tarea no carece de obstáculos y toca un tema tabú entre los conservadores, como es el aumento del desequilibrio en las cuentas públicas, ya que supone elevar el déficit presupuestario de EEUU en 1,5 billones de dólares en los próximos diez años.

Desde Corea del Sur y su inagotable cuenta de Twitter, Trump lo volvió a recordar, con sus clásicas mayúsculas: “Trabajando muy duro en recorte de impuestos para la clase media, las empresas y empleo”.